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Pues sí, la verdad es que es difícil pensar que pudiéramos emocionarnos con el tenis como lo hacemos si no tuviéramos en juego a Rafa Nadal. Todos hablamos de él como si le conociéramos y como si las batallas a que se enfrenta en la pista de tenis las viviéramos en nuestras carnes. Y es que para entendidos, apasionados, o solamente curiosos de este deporte, Rafa no pasa desapercibido. Es el alumno que todo profesor quisiera tener, y yo diría que para algunos casi hasta el hijo que quisieran tener. Para otros todo lo contrario, pero es que todo en la vida tiene su contrapunto. Es así probablemente porque cuando le vemos jugar nos hace sentir la emoción del deporte, lo entendamos, lo practiquemos, o no, y eso ya es un logro.

¿Por qué es Rafa diferente? ¿Por qué nos hace sentir Nadal tanto más que todos los demás top 100 si no top 1000? Pudiera ser porque es todo pasión, y la pasión es algo inherente en la naturaleza humana, que deseosa de sentirlo en su día a día, agradece vivirlo…. ¿aunque sea a través de otro? Probable. Lo que está claro es que, además de ser un grandísimo profesional, nos sirve a los que vivimos este deporte tan intensamente, como ejemplo de casi todo lo que un jugador debe hacer en la pista y por extensión, todo lo que uno debería hacer en la vida. El esfuerzo, la deportividad, el compañerismo,… son conceptos deportivos que, extrapolados a la vida, nos sirven como una guía perfecta que ni de que la religión más generosa se tratara. El deporte crea adeptos, más y más cada día y es que nos reporta la satisfacción del trabajo bien hecho, especialmente después de una sesión intensa, la cual irá automáticamente acompañada de una buena dosis de endorfinas, y eso nos hace felices lo queramos o no.

Es curioso, cuando uno está dentro del mundo de la competición y especialmente la junior (léase, de menores) tiene la obligación de sentarse y observar a sus jugadores durante horas y horas. Uno lo observa todo para poder sacar lo mejor de cada jugador.

Observa cada uno de sus movimientos, observa lo que el otro observa, observa cada giro, cada golpe, cada acierto y cada fallo. Uno se transforma en un observador profesional dentro y fuera de la pista.

Por regla general, estamos acostumbrados a ver el tenis desde el sofá de nuestro salón, pero los que vivimos este deporte sufrimos las inclemencias del tiempo ya sean los cuarenta y tantos grados del verano, el viento incesante o la humedad de las gradas de piedra en invierno a las tantas de la noche un domingo cualquiera. Cuando los niños se plantean dejar de jugar a la Play para presentarse a un torneo de tenis, yo lo considero un logro. Si además durante el partido, el jugador se esfuerza en intentar practicar lo que su coach le ha aconsejado durante sus entrenamientos, ya son dos logros. Si sumado a eso vemos a un jugador que respeta a su oponente, que es capaz de comportarse en la pista con educación, humildad y agradecimiento por estar dedicándole a su cuerpo y a su mente el disfrute de practicar un deporte y de medirse con un igual entonces, y sólo entonces habremos aprendido algo de Rafa Nadal.

Tomas Karlsson